Diario LA NACION

Opinión

Poca equidad en la escala salarial

Por Raúl Courel
Para LA NACION

Jueves 29 de mayo de 2003 | Publicado en edición impresa 

Cada cual juzga que su trabajo encierra singularidades que lo hacen incomparable al de cualquier otro. Nadie espera, sin embargo, que los gobiernos utilicen varas de medida disímiles para ponderar la labor de los distintos ciudadanos. Por eso ha despertado malestar en muchos enterarse de que hay empleados públicos que son trasladados a embajadas en el exterior para cumplir funciones de chofer cobrando alrededor de 5000 dólares mensuales.

Eso equivale casi a 15.000 pesos, diez veces más que la remuneración de un profesor titular con dedicación exclusiva de la Universidad de Buenos Aires con la máxima antigüedad, siempre de más de veinticinco años. Para gozar de semejante compensación el profesor ha debido obtener títulos, concursar cargos, dictar cursos universitarios, llevar a cabo investigaciones, publicar artículos y libros, y cumplir con varias otras obligaciones altamente calificadas. A menudo, además, coopera de igual a igual con académicos extranjeros que sí reciben asignaciones de 5000 dólares mensuales o mucho mayores.

Choferes y profesores

En los Estados Unidos, y todavía en esta época, se observan disparidades en las remuneraciones que no proceden de diferencias en aptitudes, competencias o dedicación al trabajo, sino de condiciones raciales distintas. Quien no sea blanco deberá, en no pocos casos, hacer más esfuerzos que uno que sí lo es para obtener la misma paga. ¿Cuántos tendrá que hacer nuestro profesor universitario para alcanzar la del chofer de embajadas? Seguramente serán muchos más, ya que la diferencia entre ambos sueldos es notablemente mayor que la que puede existir en el país del Norte por causa del color de la piel.

Otra comparación, igualmente odiosa, puede hacerse con la asignación que recibe el chofer de la ambulancia de un hospital, bastante inferior a los mil pesos. ¿Implicará acaso su tarea menos responsabilidad que la de quien traslada al embajador a la cancillería del país del caso, cuando no a sus hijas al colegio o a su esposa a un té de señoras de diplomáticos?

Atribuimos fácilmente tamañas disparidades a unos modos de gobernar más cercanos a las conveniencias de sectores que a las del país, aunque queda sin explicación cómo logra el entendimiento acomodarse a la sinrazón. Tal vez eso pruebe la afirmación de Tácito, el historiador romano, de que el espíritu humano está hecho para creer más fácilmente en lo que le resulta más oscuro.

Un sistema de sueldos que fuera justo abarcaría el conjunto de reparticiones públicas nacionales, provinciales y municipales, y los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. La equidad de esfuerzos que el país reclama tendría que reflejarse en una revisión a fondo de las escalas salariales que se aplican en toda la administración pública, y las disparidades existentes deberían evaluarse con el propósito explícito de dar igual tratamiento a todas las áreas.

Con la razón como base

Habría que asegurar retribuciones similares por antecedentes y méritos equivalentes e iguales antigüedades, para todas las tareas, ya fueran en educación, en salud, en seguridad, en la administración de justicia o en cualquier otra de competencia gubernamental. Un régimen de esta naturaleza debería ser simple, para reducir el fárrago de normas actualmente vigentes a muchas menos, con la ventaja no sólo de hacerlas más lógicas sino, además, mucho más claras para todos.

Reorganizar el Estado valiéndonos de la razón, la que es capaz de justificar las acciones de gobierno con cartesiana claridad y distinción, quizá sea un requisito indispensable para que esta vez se dé en el clavo. Que deje ya de sucederles a nuestros mandatarios como a los arcontes de la antigua Atenas cuando, encontrándose apremiados en sus conocimientos por una causa que no podían dilucidar, ordenaron que las partes volvieran transcurridos cien años. De aquello se dice que pasó una vez. De lo nuestro, en cambio...

El autor es psicoanalista. Fue decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.