La subjetividad en la psicología: la psicología clínica de orientación psicoanalítica en Argentina (1)

The subjectivity in psychology: the clinic psychology oriented to psychoanalysis in Argentina .


Raúl Courel.

  (Publicado en el VIII Anuario de Investigaciones . Facultad de Psicología de la UBA , 2000).

 

 
Resumen :

Se sostiene que la psicología clínica se depara necesariamente con problemas causados por el sujeto, y que el psicoanálisis, que se ocupa de él y que ha tenido mucha influencia sobre la psicología en Argentina, contribuye a esclarecer diferencias entre psicología clínica y medicina. Siendo insoslayable la atención a la dimensión subjetiva en la clínica, ésta requiere el soporte de ciencias que se ocupan del lenguaje, distintas a las ciencias naturales. Se estudian limitaciones de la perspectiva positivista para investigar la subjetividad así como la dificultad para unificar la psicología bajo un único programa. Se observa que el consentimiento subjetivo es un tema de interés de la psicología que revela aspectos cuyo tratamiento conduce a desarrollos metapsicológicos como el psicoanálisis.

 

Abstract:

It claims that the clinic psychology finds necessarily problems caused by its subject. It claims also that the psychoanalysis, which works on it, has had a great influence on the psychology in Argentina and it helps to clarify the differences between clinic psychology and medicine. The attention to the subjective dimension is unavoidable in the clinic and it requires the support from sciences that study the language other than the natural sciences. It studies the limitations of the positivist perspective for the investigation of the subjectivity as well as the difficulty of unifying the psychology under a single program. It observes that the subjective agreement is a field of interest of psychology that reveals aspects that lead to metapsychological developments like the psychoanalysis.


Palabras claves :

Epistemología de la psicología. Psicología y subjetividad. Sujeto, objeto y método en psicología. Ciencias naturales y psicoanálisis. Psicología clínica y medicina. Consentimiento subjetivo.

 


1. Psicología y subjetividad .

La práctica de la psicología clínica no es posible sin que el psicólogo y aquél del que éste se ocupa se encuentren, establezcan diálogos y transiten por algunas de las complejas vicisitudes del vínculo humano. Por eso la psicología clínica es la especialidad de la psicología donde más prontamente se presentan, sin que sea preciso ir a buscarlos, los problemas que implica la subjetividad.

Pero, ¿qué es la subjetividad?. Las definiciones y maneras de concebir al sujeto difieren según sean las disciplinas y los discursos que lo refieren. En la psicología, la diversidad de teorías y de métodos que se agrupan bajo su nombre no contribuye a que el concepto de sujeto sea uno solo ni a que se le conceda siempre igual interés. Se observa, incluso, que el término “subjetividad” es de uso muy escaso en la psicología científica.(2) En los vastos y heterogéneos ámbitos de la psicología contemporánea, conceptos como “yo”, “sí mismo”, “personalidad” e “identidad”, entre otros, involucran temas conexos y en parte al sujeto, pero no lo refieren ni definen directamente.

La subjetividad ha dado en el siglo XX considerable trabajo a la filosofía y a las ciencias humanas en general. Se ha generalizado el llamar “subjetivos” a pensamientos, sentimientos, anhelos y conflictos considerados particulares o íntimos. Así, adjetivamos de “subjetivas” a ideas que resultan de preferencias personales antes que de reconocimientos "objetivos", suponiendo procesos psicológicos que llevarían a no ver las cosas como realmente son. Cómo se sabe, además, el término es usado con frecuencia para designar el campo de indagación e incidencias del psicoanálisis.

 

 

2. La subjetividad es inaccesible a las ciencias naturales.

Subrayemos que la psicología científica no se inclina a hacer del sujeto, con ese nombre, objeto de investigación. Un metodólogo podría señalar que para investigar al "sujeto" se hace indispensable contar con definiciones operacionales de esa función. Pero, ¿cómo es posible explorar al sujeto en sí mismo, describirlo, registrarlo, estudiar sus variaciones y compararlas?, ¿puede ser sometido, en tanto tal, a pruebas experimentales?. La cuestión se relaciona con el clásico problema epistemológico de la psicología, que resumimos en la siguiente pregunta: ¿puede el sujeto mismo ser objeto de la ciencia?.

Kant consideraba que el sujeto es trascendental , esto es: condición a priori del conocimiento y, en consecuencia, no cognoscible como objeto empírico. El positivismo de Comte proponía el estudio experimental y racional de las funciones mentales y morales, pero consideraba imposible que hubiera una ciencia del sujeto, entendiendo que ella requeriría como método la introspección o contemplación del espíritu por sí mismo, fuente segura de ilusiones y pensamientos engañosos.

Las disciplinas que estudian el lenguaje, y los lenguajes, incluyendo los formales, han enriquecido los saberes sobre las cosas humanas y, particularmente, han estimulado el desarrollo de la psicología contemporánea. Es el caso, por ejemplo, de la lingüística de N. Chomsky, cuya perspectiva ha gravitado fuertemente en el desarrollo del cognitivismo (Milner 1989, passim). Sin embargo, en lo que atañe al sujeto, que se cuenta entre los conceptos estudiados por las ciencias del lenguaje, ellas aún no han ayudado a la psicología a resolver la paradoja que se genera cada vez que se quiere tomar como objeto de estudio o investigación al propio sujeto.

La imposibilidad lógica de ser sujeto y objeto de un mismo conocimiento se expresa claramente en el plano empírico cuando se pretende estudiar la incidencia del sujeto de una investigación sobre su objeto en el momento mismo en que ésta se lleva a cabo. El asunto no llega a zanjarse escudriñando imágenes tomográficas del cerebro del científico mientras investiga, o analizando la lógica argumentativa que siguen las secuencias de pensamientos que ordenan su investigación. Por más interesantes que resulten, éstas serían investigaciones segundas que, obligadamente, se dejarían a sí mismas de lado para ocuparse de la primera.

Una de las dificultades para encarar los problemas que la subjetividad plantea a la psicología se vincula con la primacía que asume en esta disciplina el concepto de objetividad científica propio de las ciencias llamadas naturales, que abona el propósito de construir la psicología al modo de la física, la química o la biología. Esta perspectiva se ha afirmado, como ilustra la intensa cooperación entre la psicología cognitiva y las neurociencias. Estas últimas han sido catapultadas hacia adelante por el acelerado desarrollo de las tecnologías de investigación microbiológica y conexas. Parece cumplirse el vaticinio de H. Piéron : “el día en que los progresos de la psicología provean una expresión adecuada a las modalidades del comportamiento, la psicología científica perderá su individualidad, así como la fisiología ingresará un día, por completo, en el dominio de la química; y la propia química encontrará, en la física, el simbolismo matemático que le posibilitará, en la unidad armónica de sus formas, expresar la diversidad aparente de las formas naturales” (3) (Bernard 1973, p.26)..

A pesar de que la psicología reconoce numerosos procesos que no se prestan a ser indagados con los métodos de que disponen las ciencias naturales, éstas influyen en el sentido de no ir más allá de aquello que sus propios métodos examinan. Se trata del viejo conflicto entre las exigencias metodológicas de objetividad y el propósito de no ceder nada del dominio de lo subjetivo. Por eso se ha destacado que la infelicidad del psicólogo consiste en que cuando logra la certeza de que hace ciencia pierde la seguridad de estar haciendo psicología (id., p.20).

 

3. La confusión entre psicología clínica y medicina y la distinción inducida por el psicoanálisis.

La práctica de la psicología clínica en el campo de la salud mantiene una estrecha vinculación con la práctica de la medicina, que en la modernidad es de cuño positivista y legitima su alcance en las ciencias naturales. Por eso, cuando prima la concepción que recomienda limitar la psicología sólo a lo que se apoya en las ciencias naturales, su perspectiva tiende a confundirse con la de la medicina, favoreciéndose la semejanza entre sus perfiles disciplinarios y profesionales, tanto en lo que concierne a aspectos teóricos y técnicos como en lo ético-deontológico. Es fácil advertir estas coincidencias en las rivalidades entre médicos y psicólogos respecto del ejercicio de las psicoterapias.

En la actualidad, el pujante desarrollo de la psicología científica, en continuidad metodológica con las neurociencias, influye tanto sobre la concepción de los padecimientos psicológicos y la psicopatología como sobre los procedimientos que se eligen para encararlos. No es ajeno a ello que en muchos lugares los psicólogos clínicos hayan comenzado a procurar la habilitación para recetar psicofármacos, fomentando la identificación de su disciplina con la medicina.

No es necesario que el psicólogo clínico utilice fármacos, clásico instrumento médico, para desempeñarse en su campo, el cual, además, no se circunscribe al de la salud. El judicial y el escolar, entre otros, son ámbitos también habituales de trabajo para el psicólogo clínico. Merece destacarse la importancia de los procedimientos psicológicos de mediación en conflictos, a los que la psicología clínica ciertamente contribuye. Allí se evidencian aspectos de la subjetividad cuya atención no se apoya en el estudio de procesos orgánicos, sino en derivaciones del hecho de que la función armonizadora de las normas se puede cumplir mejor si se tiene en cuenta no sólo al sujeto de derechos y obligaciones sino también al sujeto definido con parámetros psicológicos. Advertimos aquí, con más claridad que en el campo de la salud y de la enfermedad, dimensiones que no refieren materias físicas, químicas o biológicas sino lingüísticas, semánticas, sociales, lógicas y éticas.

Es conocido el hecho de que en Argentina la psicología clínica y asistencial, fuertemente influida por el psicoanálisis, tiene un gran desarrollo laboral. Es característico de su perfil profesional, además, la autonomía respecto de la medicina. Si bien los psicólogos argentinos suelen trabajar en estrecha colaboración con los médicos, no conciben su profesión como auxiliar de la medicina. La legislación lograda por sus gremios lo reafirma. Nuestra tesis es que el influjo del psicoanálisis ha contribuido de manera esencial a esta autonomía, favorecida, entre otros factores, por una decidida inclinación a prestar atención a la subjetividad y a no reducir sus perspectivas metodológicas a las neurobiológicas.

El psicoanálisis lleva a subrayar que en la psicología clínica, desde que se practica en el plano de la comunicación hablada y del discurso, interviene la subjetividad. Encarada con una óptica psicoanalítica, la psicología clínica se inclina a considerar que su práctica se lleva a cabo en el seno de vínculos sociales en los que la palabra y el lenguaje constituyen su propia base empírica.

 

4. Heterogeneidad de las materias psicológicas y dificultades para reconocer algunas.

Obviamente, la contribución del psicoanálisis a la psicología sólo concierne a una de las varias especies de objetos que son estudiados en ella. Esta consideración discute las concepciones que conceden unicidad, de principio y de fin, a la psicología. A. Vilanova, historiador de la disciplina, ha expresado, por ejemplo, que “el único programa a desarrollar es el de una psicología poseedora de las mismas densidad y extensión que su objeto” (Vilanova 1993, p. 178). Una afirmación de esta índole da por supuesto que es posible englobar de manera consistente el conjunto de teorías que se sostienen bajo la denominación de psicología, de modo similar a lo que sucede en ciencias como la física o la química.

La unicidad de métodos y objetos como condición de identidad científica de la psicología es, evidentemente, una aspiración loable. Sin embargo, el conjunto de todo aquello a lo que se asigna el nombre de esta disciplina tiene una dificultad fundamental para seguir un único programa, proveniente del conflicto , tan viejo como su existencia, entre las exigencias metodológicas positivistas y la conveniencia de no abandonar aspectos de legítima competencia de la psicología cuyo tratamiento esas perspectivas rechazan.

La particular heterogeneidad de teorías y métodos que conviven como el agua y el aceite en la psicología contemporánea, parece demostrar que, dividiéndose los trabajos, los psicólogos no renuncian a ninguno de sus extremos. Ello suena compatible con la siguiente observación del mismo Vilanova: “La hiperespecialización y la real incomunicabilidad entre los expertos de cada área han enviado al olvido aquellas propensiones a afiliarse a sistemas ‘totalizantes', insensibles, por lo general, a los hallazgos de los demás. Los psicólogos contemporáneos reconocen y aceptan la imposibilidad de desenvolverse, al estilo Renacimiento, en muchas provincias psicológicas al mismo tiempo y con idoneidad” (Vilanova 1995, p.96). Ocupémonos, por consiguiente, del limitado terreno que podemos recorrer.

La existencia de distintas “provincias” en la psicología no exime en cada caso de las debidas justificaciones epistemológicas. Por ejemplo, nuestra afirmación de que el psicoanálisis contribuye a distinguir la psicología de otras disciplinas supone, entre otras cosas, que se ocupa de procesos que pueden ser considerados psicológicos, diferenciándolos de otros que no lo son. Se puede ilustrar con observaciones realizadas por el psicoanálisis a propósito del clásico drama moderno: Hamlet , de Shakespeare (Lacan 1959, passim). El nudo de las cavilaciones del protagonista refiere una entidad pura e innegablemente psicológica, se trata de una idea particularmente difícil de tolerar para cualquier mortal. Hamlet no soporta que su amada madre, casada con un hombre dechado de virtudes, desee sexualmente a su despreciable tío. Este pensamiento particularmente insufrible es un hecho psicológico que no se confunde con ninguna materialidad física, química, neurobiológica, sociológica, moral o cultural, aun cuando para producirse requiera de ellas o las suponga.

Un psicólogo positivista tal vez encuentre, con benevolencia, que estas consideraciones son interesantes, pero probablemente estime que sirven poco o nada a sus investigaciones. Puede incluso pensar que entidades psicológicas como la referida son de difícil acceso a una investigación cabal. No obstante, si es de criterio amplio admitirá que hay aspectos de la psicología que deben ser encarados con otros métodos. Tal vez con alguna desconfianza, tolerará que la psicología se pregunte acerca del sentido que adquieren, por ejemplo, las palabras y los discursos enunciados por los sujetos que pretende estudiar. Aceptará entonces la utilidad de métodos procedentes de las ciencias del lenguaje, de la hermenéutica o de algunas otras, distintas a las ciencias naturales. En esta tesitura, hoy se llevan a cabo investigaciones hermenéuticas y semiológicas en numerosas materias reconocidas como psicológicas.

 

5. El consentimiento subjetivo en la investigación psicológica.

Una vez aceptada la amplia gama de temas que la psicología puede investigar, merece observación el hecho de que una investigación científico psicológica puede necesitar, para llevarse a cabo, de la psicología clínica. Para realizar una investigación en la que un sujeto debe responder a un interrogatorio, por ejemplo, puede ser indispensable llevar a cabo prácticas de psicología clínica. Hemos señalado que en ellas se manifiesta con claridad y riqueza la incidencia del sujeto, resorte ineludible para posibilitar o impedir cualquier indagación que lo involucra.

El sujeto puede hacer, incluso, que una investigación sea imposible justamente cuando más rigurosa es la aplicación del método de investigación. Si el método requiere, por ejemplo, comunicar cualquier pensamiento que se haga presente en la conciencia, como sucede con el método psicoanalítico de libre asociación de ideas, el sujeto se verá en dificultades para cumplir cada vez que se le presenten ideas de naturaleza agresiva o sexual referidas a la misma persona que lo escucha. En consecuencia, si el progreso de una investigación exige que la libre comunicación de los pensamientos no sea interrumpida, y si el sujeto detiene el trabajo, será ineludible para avanzar que las interferencias del sujeto sean suprimidas.

Siempre que nos proponemos realizar una pesquisa psicológica, o cualquier otra que involucre la c olaboración de seres humanos, se hace indispensable que el sujeto preste su consentimiento. El acto de consentir se distingue de otros procesos psicológicos y neurobiológicos también involucrados en la enunciación del sujeto que dice “sí”. No se trata de la conducta de vocalización, tampoco sólo de la significación afirmativa que una aproximación hermenéutica puede resaltar por sí sola. Más allá de la acepción semántica de la palabra , está el sentido psicológico de la concesión de esa palabra a otro, en este caso el investigador. Más que aquello que se pronuncia interesa aquí el hecho de que se concede o se otorga , donde la acción de asentir significa la generación de un compromiso con el investigador.

Una de las dimensiones psicológicas del llamado consentimiento informado, que aquí denominamos consentimiento subjetivo , refiere el acto de aceptar, a través de un enunciado preciso, la realización, en este caso, de una investigación. El tema tiene facetas problemáticas, como hemos indicado, desde el punto de vista de la psicología científica. En efecto, nuestro psicólogo reflexionaría, probablemente como cualquier científico, que el referido consentimiento es una condición necesaria para hacer posible una investigación, pero exterior a la investigación misma. Este razonamiento, sin embargo, no nos exime de exigir que los factores que intervienen en el acto mismo del consentimiento subjetivo reciban una atención metodológicamente severa.

El hecho de que no sea posible hacer del accionar del investigador mientras investiga objeto de la misma investigación, no es razón suficiente para desertar del estudio, riguroso y específico, del accionar subjetivo. Si se renuncia, este último quedará librado a tratamientos incapaces de ordenarse bajo una lógica pasible de transmisión. El programa psicoanalítico está esencialmente anudado al reconocimiento de esta división irresoluble entre sujeto y objeto, como enseñan el concepto freudiano de escisión del yo y los lacanianos de división subjetiva y de fantasma. Una consideración epistemológica del tema hace al psicoanálisis calificable de metapsicología, término propuesto y utilizado por Freud (Freud 1915). La pertinencia de esta designación merece un examen detenido que no haremos aquí.

Un ejemplo clínico, y como tal empírico, de que el rigor metodológico es posible en asuntos que conciernen a la subjetividad, lo ofrece la comprobación de que los dichos de un entrevistado sobre su propia vida sexual son más o menos extensos y veraces según quién sea y cómo actúe su entrevistador. El psicoanálisis se ha ocupado de aspectos metapsicológicos como éstos. Es un hecho que si en una entrevista el rapport no es bueno no se va demasiado lejos, y también que si es excesivamente bueno puede crear dificultades e incluso impedir el avance de una investigación. Una detención de este último tipo ha sido ilustrada por la clínica.

Constituye una página memorable de la historia del psicoanálisis la interrupción, por parte de Joseph Breuer, de la atención a una paciente, conocida como Anna O.. La fluidez y buen clima de los diálogos habían despertado afectos eróticos que asustaron a Breuer, haciendo que se escabullera del asunto (Robert 1964, p.105 y ss.). Tanta soltura verbal había sido, sin embargo, fuente de ricos datos, muchos de ellos imposibles de obtener de otro modo, sobre los antecedentes, orígenes y características de los padecimientos. La interrupción impidió investigar elementos a la vez ideacionales y sociales relacionados con las emociones que se ponían de manifiesto durante las entrevistas.

La psicología podría coincidir con el psicoanálisis en el propósito de hacer que el saber progrese aun cuando el sujeto se resista o no colabore. Frente a la negativa del sujeto, el investigador, representante aquí de la ciencia, puede abandonar el terreno o no. En el primer caso, renuncia a incrementar el saber en el punto en cuestión, aunque considere que sólo se trata de una demora. En el segundo caso, aunque encuentra un cúmulo de nuevas dificultades, ellas son inevitables si pretende investigar, por ejemplo, las condiciones del consentimiento subjetivo cuando él mismo no es concedido. Precisamente, el método psicoanalítico toma todo su sentido en relación a que el sujeto resiste la aplicación sobre sí mismo del método científico de investigación.


Notas:    

1) Este trabajo fue presentado en el XXVII Congreso Interamericano de Psicología, Caracas, Venezuela, el 27 de julio de 1999. y es parte de la investigación “Función de exclusión del sujeto en producciones científicas contemporáneas” (Proyecto TP12, Programación UBACYT 1998-2000, Instituto de Investigaciones Psicológicas, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires), de la que participan G. Arenas Peris, S.M. Cinzonne, J. de Olaso, M. Dinouchi, A. Eidelsztein, J.E. Nesis, A. Wyczykier y R. Courel (Director).

2) Para comprobarlo, se puede recorrer, por ejemplo, los “Abstracts of the XXVI International Congress of Psychology”, Montréal, Canada, 16-21, August 1996.

3) La traducción es nuestra.

 

Bibliografía:

•  Bernard, M., “A Psicologia”. En Châtelet, F., Historia da filosofia, idéias, doutrinas . Rio de Janeiro, Zahar, 1981, 17-98.

•  Freud, S. (1915) “Trabajos sobre metapsicología”. En Obras Completas . Buenos Aires, Amorrortu, 1992, 99-258.

•  Lacan, J. (1959) Le désir et son interprétation. Seminaire 1958-1959 . Publication hors commerce. Document interne à l'Association freudienne internationale, passim.

•  Lacan, J. (1953) “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”. En Lectura estructuralista de Freud . México, Siglo XXI, 1971, 59-139.

•  Milner, J-C. (1989), Introducción a una ciencia del lenguaje . Buenos Aires, Manantial, 2000.

•  Robert, M. (1964) La revolución psicoanalítica . México - Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1966.

•  Vilanova, A. (1993) Contribuciones a la psicología clínica. Algunos aportes teóricos de psicólogos notables . Buenos Aires, Raúl Serroni Copello Editor, 1993.

•  Vilanova,. A. (1995) “El dilema olvidado de la psicología latinoamericana”. En Cuadernos argentinos de historia de la psicología . San Luis, Editorial Universitaria, 83 – 99.